amarantine

Un cuento de terror.

Tarde en la madrugada las pesadillas que se confunden con la realidad me despiertan, ahí está el frasco transparente que gotea esa sustancia que me mantiene aun atada a esa cama de hospital, la agonía se vuelve lenta como el caer de cada gota que entra por mis venas, me duele cada partícula de cuerpo, es una sensación agridulce pues a pesar de la angustia y el profundo dolor que experimento la paz me invade, el duelo sospecho será largo. El primer día del resto de mí  vida, el primer día en que la ausencia comienza a aterrizarme en la realidad, una realidad que cada día mata un poco más mi muy ya desmoralizada esperanza. Y en momentos creo estar en un sueño bizarro y efímero.=mas= Un día mas, la desesperanza reina, sin embargo paralelamente también la paz interior, esa sensación extraña de vacío que invade cada célula de mi cuerpo es casi casi acariciada por una paz que no conocía, es una benévola manera de sobrellevar mi dolor supongo Las pesadillas nocturnas aun están presentes, y es peor aun cuando despierto y me doy cuenta de que es una realidad latente, punzante, desgarrante. Los sonidos, los gestos, todo me transporta a ese mundo que solía conocer como mío, no hay arrepentimientos porque sé que hice lo más que pude por salvar lo que nunca existió, al menos ya no lloro. Otro día, brillante y lleno de vida,  allá fuera la gente en su pasar frenético por la calle, y aquí dentro los suspiros me llenan los pulmones de vida, y los recuerdos de antaño me vacían el alma. Ayer después de días de un silencio autoimpuesto por la apatía que me embarga por fin esbocé una sonrisa mas fingida que sentida he de confesarlo pero al menos es una mueca que demuestra que por fin el hielo comienza a ceder. Nunca jamás hubo en mi vida una perdida tan atroz, conocí el dolor físico en su máxima expresión, el dolor de la miseria que deja la autocompasión y la flagelación moral, mas nunca el dolor de una muerte, no la clase de muerte que se suele encontrar en los obituarios, pero de igual manera fue muerte, de esa que se vive lenta,

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Me siento En paz.
Escuchando: La esperanza tocando a la puerta.

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